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TrujilloTrujillo, Cáceres0 comentarios
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Trujillo se ubica en lo más alto de un soberbio berrocal granítico salpicado de encinas y carrascos; es una hermosa ciudad medieval, sin duda referencia obligada para los visitantes que deseen conocer la historia de esta tierra extremeña.
Punto obligado es sin duda la Plaza Mayor, Plaza de la Hispanidad por derecho propio, uno de los conjuntos monumentales más bellos que el visitante puede observar en la Península. Esta Plaza es una apuesta por la diversidad, una respuesta a las distintas formas de entender el arte, de entender a fin de cuentas la vida; es la Plaza del mestizaje. Al viajero le basta un solo giro para contemplar la historia y el arte de los cinco últimos siglos.
De la Plaza a la Alcazaba árabe hay un empinado y serpenteante trecho; la calle Ballesteros, la Ronda de las Almenas, o la Cuesta de la Sangre, son paso obligado para acceder a la ciudadela por la Puerta de Santiago o la de San Andrés, cualquier ruta es buena, todas rezuman un altivo pasado de historia y de arte.
A medida que ascendemos van cayendo los siglos, y del esplendoroso XVI, emblemático extramuros, pasamos lentamente al intimismo y recogimiento del siglo XIII, sin olvidar vestigios paleocristianos del IV. Calle Cambrones, Alhamar, Santa María, Gargüera, Palomas, Plaza de los Moritos, la Alberca, blasones, palacios, casas solariegas, museos, conventos,... y todo ello aislado del resto del mundo por un recinto amurallado que conserva orgullosamente sus lienzos, torres y espigones; cuando se pasea por la ciudadela el viajero tiene constancia de que ha dado un salto en el tiempo, y sin duda agradece el que los siglos y la barbarie hayan respetado este magnifico baluarte de la historia extremeña.
Pero aun queda camino; todavía falta un trecho para alcanzar la alcazaba árabe del siglo X que no puede ocultar las características propias del Califato Cordobés. Se considero en su tiempo fortaleza inexpugnable y por ello el judío Samuel Levi, tesorero del rey Pedro I, la escogió para guardar las riquezas de la Corona.
Desde lo mas alto de la alcazaba se otea un amplio horizonte de dehesas y un sinfín de vetustos senderos, otroras celtas, romanos, Árabes, vestigios de antiguas rutas comerciales que entre la Betica y la Meseta Norte tenían paso obligado por estas tierras.
Nuestras fiestas y ferias gozan de gran fama y han sido catalogadas como de interés turístico. El Chiviri es sin duda la más conocida de todas. El domingo de Pascua la Plaza Mayor de Trujillo se llena de mujeres ataviadas "de pastoras", con vistosos refajos, polleras, jubones, corpiños y pañuelos de cien colores, además de aderezos de orfebrería fruto de la más pura tradición artesanal; los hombres se anudan un pañuelo rojo al cuello. Se bailan y se cantan coplas tradicionales con letras que van desde simples declaraciones amorosas, pasando por algunas que no desentonarían en las exequias de Baco, hasta llegar a otras de las más clara tradición picaresca.
Textos por José Antonio Ramos Rubio.
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